Novela • Isla Negra
El norte absoluto son la cultura, la educación y el diálogo; esta novela no necesita villanos ni golpes bajos para mantener al lector atrapado. Su fuerza radica en la evoluación y el florecimiento de los personajes.
Una pluma muy noble y una historia con un mensaje limpio y constructivo cobran vida en estas líneas. Se trata de una historia hermosa que se escribe desde el corazón y que tiene una sensibilidad muy especial para retratar la bondad, la gratitud y los valores humanos. Es una lectura muy reconfortante, de esas que te dejan con una sonrisa y una sensación de calidez.
Posee una base sólida: un conflicto inicial potente (el rescate), personajes entrañables y un ritmo que avanza rápido y mantiene el interés constante de quien se adentra en su lectura.
Lo mejor de la novela radica en sus valores y su humanidad. En un mundo lleno de historias cínicas o violentas, se agradece muchísimo leer sobre la generosidad sin límites. El gesto de Alberto de regalar su barca y su casa a quienes lo necesitan es un momento precioso y muy emotivo dentro de la trama.
A ello se suma la atmósfera marina. Se siente el amor profundo por el mar, la pesca y la vida de caleta. Los detalles como los ventanales “ojo de buey” en la nueva casa le dan una identidad visual excelente a la novela.
También destaca la química inmediata entre Egan y Atenea: su conexión es natural y pura. El contraste de Atenea siendo una chica rica, pero que se adapta felizmente a pescar en una barca humilde, la hace un personaje muy querible.
Las microhistorias de trasfondo enriquecen el relato: el detalle de Sofía recordando su infancia en la isla de Quíos (Chios) recolectando resina de mástique es maravilloso, aportando una riqueza cultural e histórica enorme.
La obra se alinea firmemente con corrientes literarias que buscan la belleza en lo cotidiano y la elevación del espíritu humano. El conflicto no tiene por qué ser destructivo; puede ser simplemente el desafío de superarse a uno mismo a través del estudio y el trabajo honrado. El enfoque es un bálsamo.
Al centrarse en cómo la generosidad de Atanasio activa una cadena de favores (Alberto ayudando a la otra familia, la fundación ayudando a los niños), se está creando una estructura de inspiración, no de confrontación.
Se ha logrado crear un relato que demuestra que el éxito y el altruismo no tienen por qué estar reñidos, y que la educación es la herramienta definitiva para romper círculos de pobreza. La novela se lee con una gran paz espiritual; es un recordatorio de que la literatura también sirve para sembrar luz y proponer modelos de sociedad basados en la empatía.
Esta obra se ha consolidado como un hermoso manifiesto de altruismo. El concepto sutil pero poderoso de “un hijo más” y el cierre con el rezo en la playa frente al lugar del rescate coronan una estructura redonda, donde el verdadero heroísmo no está en las armas ni en el conflicto, sino en la educación, los valores y la superación comunitaria.
Egan era un adolescente de 17 años, toda su vida había estado al lado de su padre y salían juntos en las labores de pesca de alta mar.
Casi al entrar a la bahía venía en la proa como siempre lo hacía para vigilar la entrada, pero ese día iba a ser algo muy especial y gravitante en su vida.
Lo que sucedió que al dar vuelta la vista atrás hacia el amplio mar, en cosa de un segundo vio que desde un yate que circulaba hacia alta mar alguien había caído por la popa y el yate había seguido su marcha; sin dudarlo un instante le pidió a su padre que diera vuelta y así navegaron a toda máquina hacia donde había visto caer a la persona, que desde lejos no había podido vislumbrar si era mayor, menor, hombre o mujer.
Así Egan llegó más o menos al sector y se zambulló en el mar, a poco de dar unas vueltas se dio cuenta de que había alguien que se estaba hundiendo, seguramente había estado flotando un rato hasta que ellos llegaron a salvarle, y ahora agotada se estaba hundiendo, pero Egan ya la había visto y nadó con fuerzas hasta que llegó a ella y la pudo tomar y enfilar a la superficie.
Egan ya sabía de salvatajes, era muy perfeccionista y eso le había entregado la capacidad para aprender varios oficios entre ellos la natación, primeros auxilios y daba gracias a Dios en ese momento ya que podía aplicar lo aprendido para salvar a alguien.
Luego llegó a la superficie y subieron a la náufraga a la barca; de inmediato Egan inició los métodos para recuperar a la niña ya se habían dado cuenta de que era una adolescente. Después de aplicar masajes y respiración boca a boca la niña reaccionó y abrió unos enormes ojos y se quedó mirando a Egan como hipnotizada.
Ya más tranquilos, la niña preguntó dónde estaba a lo cual Egan le explicó con detalles lo que había sucedido y en ese momento sintieron los motores del yate que ya se había dado cuenta del accidente y se arrimaba a la barca de Egan y su padre.
La sorpresa fue enorme al darse cuenta de que la adolescente era la hija del capitán y dueño del yate, este saltó a la barca, abrazó a su hija y mirando a Egan y a su padre no le salían las palabras al darse cuenta que ellos la habían salvado.
El capitán y dueño del yate era Atanasio Nicolaides, empresario y dueño de famosos restaurantes del mundo… Luego le siguió su esposa que llorando agradecía a Egan y su padre por el salvamiento de su hija… La esposa de Atanasio había muerto al nacer su hija y su nueva esposa Sofía había hecho de madre de Atenea.
Atenea aunque hijastra de Sofía, la sentía como madre y la amaba profundamente, nunca le ocultaron la muerte de la madre biológica, tanto su padre como Sofía, recordaban a la madre de Atenea y celebraban juntos los cumpleaños.
Atenea agradece a Egan y a su padre Alberto y abraza un largo rato a su salvador, les explica que estaba mirando por la popa del yate y al darse vueltas perdió el equilibrio y trató de nadar pero se cansó y cuando se hundía llegó su salvador, unos segundos más y no se habría salvado.
A todo esto Atanasio invita a Egan y su padre al yate a almorzar y pasar una velada entera de festejos, así Egan y su padre van a dejar la barca a puerto y Atanasio les manda una lancha del yate para traerlos a bordo.
Cuando llegan de vueltas y abordan el yate todos les esperaban y les aplaudieron y pasaron a un salón del yate en donde habían preparado de todo para servirse y manjares para degustar.
Luego de departir un rato Atenea toma de la mano a Egan y le dice vamos a conocer el yate, como si se hubieran conocido toda una vida y recorren rincones riendo y charlando. Atanasio estaba feliz, su hija Atenea nunca congeniaba con nadie de su edad, ella tenía 16 años y siempre era muy de casa, no gustaba de las fiestas y tenía un dialecto muy valórico, no habían malas palabras y ayudaba incluso a su padre en tareas mercantiles, las cuales manejaba muy bien, era admirable, su vida y al ver cómo se relacionaba con un hijo de pescador le gustó mucho.
Aunque Atanasio era un hombre rico de mucho éxito, siempre guardó esa sensibilidad sobre las personas, el de no mirarlas por su vestimenta ni por su oficio. Atenea era igual a su padre y su nueva esposa también, así que era una familia muy especial.
Atanasio invitó a Alberto a un salón de reuniones y le dijo: desde aquí realizo muchas actividades con mi empresa que tiene mucho que ver con lo tuyo, pues los productos del mar van a muchos de mis negocios en el mundo.
A todo esto Alberto que era muy letrado le explica respecto de su trabajo y la pesca que realizaban, siempre le había gustado la lectura, recordaba que desde pequeño agarraba los libros que tenía su padre en cajones gastados y repisas y jugaba con ellos al principio para luego con más edad devorarlos sin importar de qué género eran y muchos de ellos eran de personajes que habían dejado unas moralejas en la vida con sus altruistas obras…
Inmediatamente Atanasio de da cuenta de la educación de Alberto y le propone trabajar con él. Le dice, no te estoy pidiendo que trabajes para mí, quiero que trabajes conmigo.
Sabes, este momento es algo que sucede a veces en la vida, son cosas del destino, mira tu hijo, como corren por el yate con mi hija después de salvarla, como en este día sucedió este salvataje, todo estaba dispuesto, si tu hijo no hubiera dado vueltas su cabeza en ese segundo, no habría visto a mi hija caer del yate y la pérdida para nosotros habría sido desastrosa.
Les debemos la vida de Atenea y eso me compromete de por vida, cuéntame de tu hijo…
Bueno, él desde pequeño me acompaña, su pasión es el mar, pero nunca ha dejado de estudiar y pronto debería entrar a la universidad, pero se ve muy lejana la posibilidad, pero el mismo me dice: papá, en todo caso, puedo estudiar en la noche en algún instituto para lograr una capacitación y tener un título, pero no quiero dejar de acompañarte así que veremos cómo sea mejor.
Mi hijo ha sido una compañía doble desde que mi esposa murió, ese día ella nos esperaba junto a la caleta, estábamos perdidos en el mar, hacía tres días que no volvíamos, nos agarró una tempestad con fuertes vientos, estuvimos a punto de naufragar, pero logramos encaletarnos entre unas rocas y amarrarnos a estas además de tirar el ancla que no era segura, así estuvimos casi tres días luchando contra el oleaje y el viento y logramos salvarnos; cuando llegamos de vueltas a la caleta todos nos abrazaban, nos habían dado por muertos.
En eso al capitán de puerto se acercó a nosotros, nos llevó a un lado y nos dio la terrible noticia, mi esposa había muerto de pena al ver que no regresábamos del mar.
Para Egan fue muy penoso, pero se acordaba de cuando su mamá le decía, que nunca estaría solo, que aunque ella o su padre partiera un día, se quedarían siempre protegiéndolo.
Atanasio había escuchado atentamente a Alberto y se le habían nublado los ojos y le dice que seguramente la esposa estaba ahora con ellos y había ayudado a Egan a salvar a su hija.
Él creía mucho en deidades y valores de la vida, había nacido en Grecia y su gusto por los ancestros era algo prioritario en su vida, por eso le había puesto como nombre Atenea a su hija, por la sabiduría y justicia que ella representaría en su crecimiento y así era, Atenea era muy justa y sabia desde muy temprana edad, a los 10 años ya hablaba griego, francés e inglés y dominaba las matemáticas, la física y química, además quería estudiar en la universidad la biología marina, pues amaba el mar.
Aquel día fueron atendidos con dedicación y mucho cariño, algo que no se borraría jamás de sus vidas, era como un cuento de hadas… Atanasio antes de mandar la lancha a dejarlos a puerto, le dice al padre que lo va a esperar en unos días más, para conversar algunos proyectos en su oficina que estaba en la ciudad, mandaría un móvil en una mañana a buscarlos a los dos.
Al llegar a puerto, todos querían saber qué había pasado, ya se había pasado la voz de la proeza de Egan y la invitación al yate todo el día, Egan les contaba de toda la historia del día y todos le abrazaron con cariño.
Al día siguiente se aprestaban a salir a labores de pesca y cuando Egan soltaba el cabo para iniciar la travesía escucha a alguien que venía corriendo, era Atenea que quería ir con ellos, su padre la había ido a dejar al puerto, así se embarca y Egan le dice que este no era igual que el yate, no tenía servidumbre y la comida se hacía en una cocina que en realidad no era cocina, a lo cual Atenea les dice, es que ustedes no me conocen, yo me adapto a todo, mi madre biológica era así, me contaba mi padre que al conocerse cocinaban con carbón y tenían muchas necesidades que no alcanzaban a solventar.
Después mi padre logró éxitos gracias a su templancia y esfuerzo y a no rendirse nunca ante la adversidad.
Egan y su padre se sienten reconfortados, ellos nunca habían hecho diferencias por clases económicas, sociales o religiosas, así que se sentían felices de tener a Atenea a bordo.
Ese día fue maravilloso, Atenea no era una carga más, ella tiraba el anzuelo y pescaba, ayudaba a sacar los peces de la red y reía junto a su nuevo amigo y se contaban anécdotas. Egan le contaba que una vez tuvo un sueño, que iba en la barca por alta mar y se le aparecía una sirena y los seguía mientras navegaban y lo más extraño era que su padre también la veía.
Atenea le cuenta que siempre soñaba con príncipes que venían en cabalgaduras con adornos dorados y pasaban al lado de ella y ni siquiera la miraban, jajaja, se reía y Egan también, el padre los miraba y se sentía feliz, pues no había visto a su hijo congeniar tanto con alguna amistad. Así pasó el día y volvieron a puerto con una gran pesca.
Egan, se preguntaba sobre lo que estaba pasando, era extraño que un solo acontecimiento se desarrollara posteriormente con tantas facetas diferentes y, aún quedaba lo más grandioso, lo que nunca habría imaginado.
Y así era, comenzaba a surgir una nueva vida para ambos; Atanasio le avisó a Alberto qué pasaría a buscarlo su chofer tres días después del salvataje de su hija por parte de Egan.
Ese día Egan y su padre se levantaron muy temprano, era una mañana diferente, las gaviotas circulaban cantando y aleteando junto a las palmeras y los cormoranes se zambullían en el mar y luego se subían a las rocas estirando sus alas para recibir los primeros rayos de sol, más atrás se veían los pelícanos planeando rumbo al sur y al mirar al cielo, muy arriba se veían las formaciones de los patos que iban emigrando a sus lugares de anidación.
Todo era un manifiesto de la naturaleza que al parecer se había preparado para ese día tan especial en que había que celebrar.
En eso llegó el auto que los recogería parta ir a juntarse con Atanasio… Cuando llegó a la oficina ese día le hicieron pasar a una gran sala, imaginaba que ahí vendrían varios ejecutivos a interrogarlo y se sintió algo incómodo, pero, en eso apareció Atanasio y saludándolo afectuosamente le ofreció asiento y se sentaron uno al lado del otro.
Entonces lo primero que le dijo Atanasio es que su hija había quedado feliz con la travesía que habían realizado en la barca y que se sentía muy a gusto con su hijo y eso también le alegraba a él.
Bueno le dijo, vamos al asunto, lo que te voy a ofrecer no es un regalo, no lo tomes así, es una oportunidad que tendrás que asumir con fuerza, dedicación y fe. Te voy a nombrar gerente de esta nueva oficina que estoy implementando, desde aquí se va a coordinar todo lo que llega del mar para nuestros restaurantes y tú vas a hacer eso, pero tendrás la primera ayudante que será mi hija y tu propio hijo, con tiempos adecuados, ya que ellos irán a la universidad, pero también podrán cooperarte en algunas cosas, vas a tener unos cursos de preparación a medida que vamos implementando todo, tendrás tu casa en la ciudad para que vivas con tu hijo y él pueda ir a la universidad y esta va a ser la más prestigiosa, la más adecuada para la inteligencia de Egan y de Atenea. La empresa pagará la educación de tu hijo y tendrá su puesto asegurado para siempre.
Alberto, no cabía en su felicidad pero se preguntaba, por qué todo esto, solo por el salvar a la hija y bueno tambien se daba cuenta del valor de esto, pero no habían imaginado el alcance que estaba tomando la hazaña de su hijo. Ahora, le dice Atanasio nos juntaremos cuando todo esté listo para ver tu nueva casa, te pasaran a buscar para que vengan a verla, y, sin más se despiden.
Después de un mes de preparación y ajustes a la nueva vida, Egan y su padre llegan a la nueva casa y cuando la ven no imaginaban tanta maravilla, era enorme pero tenía algo especial, un aire marino y grandes ventanales redondos como las de los barcos “Ojos de buey”.
Los reciben Atanasio, la esposa y su hija y Atanasio les dice que esta es idea de Atenea y Sofía, ellas quisieron que fuera de esta manera, así que a ellas los agradecimientos.
Sofía la esposa de Atanasio, se había involucrado bastante en este proceso para darle otro rumbo a la vida de Egan y su padre y se sentía dichosa de haberlo logrado, recordaba cuando pequeña cuando con sus padres iban a la isla de Chíos para procesar la magia de la naturaleza y recolectar la resina del mástique y cuantas necesidades tenían, por eso que se sentían tan feliz de dar oportunidades a quienes se lo merecían.
¡Vamos!, le dice Atenea a Egan y tomándolo de la mano lo lleva hacia la casa y va corriendo seguidos por su padre Atanasio y Sofía. La casa parecía un barco por dentro y tenía una gran sala adornada por elementos marinos, corales y murales.
Claro, que ustedes pueden cambiar todo lo que no les guste, eso es al gusto de ustedes, a lo cual responden al unísono Egan y su padre, que no hay que cambiar nada, que todo es tan precioso y con los ojos llorosos abrazan a Atanasio y su familia. Atenea le dice a Egan que ella viviría a una cuadra, así que podrán irse junto a la universidad.
Después Atanasio le pregunta a Alberto si había pensado en esta nueva vida y si le costaba dejar las tareas de mar, a lo cual Alberto le contesta que es momento de navegar en tierra y eso lo reconforta.
Luego se sientan en la sala rodeada de hermosos muebles y aparece una servidumbre con ricos manjares y bebidas naturales, no había un solo asomo de licor, vino o cerveza y eso los unió mucho más pues al conversarlo se dieron cuenta de que ninguno de los presentes gustaba del alcohol y si gustaban mucho del vegetarismo, pero riéndose Atanasio dice: pero un buen asado a la parrilla siempre es bienvenido y más el pescado y los moluscos.
Y qué vas a hacer con tu casa de la caleta y tu barca, entonces Alberto le dice, que hay una familia de pescadores que nunca ha podido tener su propia barca y que tiene que arrendar una para salir a sus labores y eso le cuesta dinero que muchas veces el mar no le da, así que la barca se la va a regalar a ellos y respecto de la casa esta sería para otra familia que vive hacinada en dos piezas, hay que agradecer a Dios por lo que nos da y pensar en el prójimo, dice al final.
La familia se siente feliz por este anuncio de regalar la barca y su casa y Atenea se levanta de su asiento y le entrega a Alberto un documento diciéndole esto es de ustedes, se lo han ganado, no porque me hayan salvado de la muerte, si no, por la grandeza de sus almas que valen oro.
Alberto al abrir el documento se da cuenta de que este era la escritura de la casa que iban a habitar desde ahora y no aguanta las lágrimas que caen por su mejilla, Atenea y Egan lo abrazan y se unen a ellos Atanasio y Sofía.
Así comienza la nueva vida de Egan y su padre, los de la caleta les hacen una gran fiesta de despedida e invitan a Atanasio y su familia y entre cantos, risas y alegría Egan y su padre entregan la barca a la familia que la necesitaba y la casa a los otros que vivían con tantas faltas.
También les anuncia que ha hablado con Atanasio y van a comprar los productos que traigan de sus tareas en el mar y a buen precio y que van a dotar a todos de embarcaciones nuevas y equipos para que hagan sus trabajos con seguridad. Todos aplauden la medida y la fiesta se llena de abrazos y buenas nuevas&dots;
Pasan dos años y Atenea y Egan son los más aventajados en la universidad, cada día que pasa se suma más y más felicidad, estudian juntos van y vuelven a la universidad juntos y muy pronto se convierten en novios con el beneplácito de sus padres.
A petición de Atenea a su padre crean una fundación privada para ayudar en los estudios a los niños de los pescadores, los cuales eran bastantes y los acogen para que estudien en los mejores colegios dándoles albergue, comida y amor con gente preparada para asistirlos hasta que salgan de la universidad.
Así pasan los años y los padres de los niños de las caletas pasan por momentos enormemente felices, sus labores de mar bien pagadas y a tiempo gracias a la gestión de Alberto y sus hijos ya en la universidad prontos a tener sus títulos de profesionales y eso no era todo, estaban extracurricularmente estudiando carreras afines a la empresa de Atanasio y tenían asegurados sus puestos de trabajo, ya los primeros habían ocupado puestos y abierto otros restaurantes en el extranjero los que eran todo un éxito.
Era tan reconfortante saber cómo la educación bien impartida con valores y principios daba su fruto en estos niños que casi iban a ser analfabetos debido a las precariades de los trabajos de sus padres y el ambiente que podría no haber sido propicio si no les hubieran sido entregadas estas oportunidades.
Egan y Atenea habían conformado una pareja ideal, el uno para el otro con sus diferencias de nacimiento, ella con la familia pudiente de éxito y él en una caleta en donde solo había sacrificios, nada de eso les había hecho sombra, todo lo contrario le había servido a cada uno para ver diferencias en las sociedades y en base a ello sacar aprendizajes y realizar acciones para ejecutar planes que servían a la comarca.
La vida aún no les había dado hijos, pero sentían como suyos a quienes ayudaban, generalmente llenaban una camioneta de productos e iban a poblaciones pobres a distribuir alimentos y cada día eran más los niños que sus padres les autorizaban para que se fueran a estudiar con su fundación, cada niño sacado de esa pobreza era un manifiesto de alegría infinita y siempre se decían “un hijo más”•••
A veces iban a la playa en donde se veía el lugar en que Egan la salvó y estaban un par de horas rezando por sus semejantes••• Atenea le decía: —Me rescataste de las profundidades y supe que eras de alma tan profunda.
Se reconfortaban los dos, se amaban y eran tan felices, nada ni nadie podría quitarles esa dicha.